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Día 2: Jesús también fue rechazado.

El colegio es una de las etapas que más marcan nuestras vidas. Probablemente ahí conozcas a tus amigos de toda la vida, ahí tengas a tu primer crush y tus primeras responsabilidades. En la mayoría de los casos también es el lugar donde por primera vez sentimos rechazo, pero deseamos ser aceptados. Sería más fácil si siendo nosotros mismos fuera suficiente, pero parece que no.

Esto nos manda el mensaje indirecto de que si no tenemos el último celular en particular, la ropa que está de moda, el peso “aceptable” o un cool feed de Instagram, entonces no perteneces, entonces te ven diferente.

Y nuestra necesidad de aceptación y de encontrar quiénes somos, nos engaña. Caemos en la trampa. Pero es raro porque nos damos cuenta de que no es suficiente, que a pesar de que ya nos aceptaron por fuera, por dentro el rechazo sigue latente como si siempre tuviéramos que hacer algo.

Jesús, el Salvador del mundo, el Rey, el hijo de Dios, él también fue rechazado, excluido y malinterpretado. (Leer Mateo 13:54-58)

Para este momento Jesús, a donde iba, ya reunía multitudes que se sentaban a escucharlo, ya no era un desconocido. Aún así experimentó el rechazo y el menosprecio de, probablemente, quienes menos esperaba. 

Jesús llegó a su pueblo, al barrio donde creció y donde conoció a sus primeros amigos. Imagínate, esos amigos que llaman tía a tu mamá, o las vecinas que te conocen de toda la vida. Estas personas se burlaron de Jesús, diciéndole: “el simple hijo del carpintero”. Y es más, no solo eso, sino que se ofendieron y se negaron a creer en él. Lo vieron, lo escucharon y no creyeron en él.

Jesús sintió el rechazo, no fue aceptado, no fue entendido, pero por alguna razón esto nunca lo detuvo. Él no necesitaba la aprobación del mundo porque estaba completamente convencido de cuán aceptado era por el Padre.

Recuerda:

  • Es muy probable que te sientas rechazado por el mundo a veces, pero eres abrazado y aceptado por Dios y eso es suficiente. 
  • Jesús sabía quién era, él no era el hijo del carpintero, era el hijo de Dios, con un llamado y un propósito. Y tú también eres un hijo de Dios, con un llamado y un propósito.

Versículos:

“Y una voz dijo desde el cielo: «Este es mi Hijo muy amado, quien me da gran gozo”. (Mateo 3:17 NTV)

“Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo. Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos”. (Efesios 1:4-5 NTV)

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