Día 6:  Llévame a ti

Mateo 7:7-8 NTV

“Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta”.

Dios no está lejos, él es Dios Emmanuel, Dios con nosotros. 

¡Dios es el que envió a su hijo unigénito para romper aquello que nos separaba de él! ¡Su corazón es estar con nosotros! Pero como dice nuestro pastor, Robert Barriger, Dios no obliga a nadie. Él es un caballero y no desea que nuestra búsqueda sea por una obligación sino por una necesidad, un deseo. 

Esta canción es justamente eso, es decir: ¡Dios, deseo más y más de ti!

Cuando encontramos, solemos dejar de buscar. Pero en Dios, aunque podemos encontrarlo una vez, ¡siempre hay más! Entonces no se trata de una búsqueda momentánea, o cuando sentimos que lo perdimos (aunque jamás lo podríamos perder porque él siempre está, somos nosotros que no lo vemos). Es una búsqueda constante de descubrirlo en nuevas formas, en nuevos momentos. Cada día es una invitación de ver a Dios de una nueva forma.

La oración, la declaración que sale de nuestro corazón, de aquel momento en que todo el ruido a nuestro alrededor se apaga, cuando cambiamos nuestro enfoque, nuestra búsqueda, nuestro clamor: esa oración es respondida por la voz del Padre, por la promesa dada, por la verdad eterna hablada en su Palabra.

¿Qué estás buscando en esta temporada en tu vida?

Nada tiene el poder de satisfacer lo que solo Jesús puede satisfacer.  

Hoy, que esta canción te recuerde cuál es la verdadera necesidad de tu corazón. Busca a Jesús y deléitate en conocer más de él, y verás cómo nada más podría llenar ese espacio.

Versículos:

Filipenses 3:7-11 NBV
“Pero todo aquello que para mí era valioso, ahora lo considero sin valor por causa de Cristo. Es más, todo lo considero una pérdida comparado con el supremo valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo y lo considero basura, con tal de ganar a Cristo  y encontrarme unido a él. No quiero la justicia propia que viene de obedecer la ley, sino la que se obtiene por la fe en Cristo. Esa es la justicia que viene de Dios y está basada en la fe. Lo he perdido todo con tal de conocer a Cristo, de experimentar el poder de su resurrección…”