Día 4: Miedo retador

”Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza.”

Salmo 56:3  

No sé si recuerdas la primera vez que sentiste miedo en tu vida, tal vez eras muy pequeño o pequeña y no eras consciente de él en ese momento; pero la realidad es que el miedo estuvo desde hace mucho tiempo con nosotros, quizá desde nuestro primer año de vida mientras aprendíamos a gatear o caminar. Y, aunque cueste entenderlo, necesitamos del miedo para poder reconocer y prestar atención a situaciones de peligro, locazo, ¿no? 

Entonces, ¿está bien tener miedo y que tendremos miedo?  La verdad es que sí; el miedo no es malo, lo malo es permanecer en esa posición. Conforme vamos creciendo y avanzando, el miedo es y será una constante en nuestra vida, pero no significa que debamos estáticos en ello.

En conclusión, el miedo nos llama a prestar atención a algo que va a suceder o está sucediendo; por ello es indicado, que en ese momento, la confianza tome protagonismo y así desplace al miedo. 

“Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores.

Salmo 34:4  

Este salmo es la promesa más real que podemos experimentar en situaciones de miedo, aquí David no se queda en aquello que lo paraliza, sino que hace un llamado para buscar al Señor de la forma más real y sincera. 

Esta búsqueda lo cambia todo, ya que encontraremos confianza y esperanza en un camino para encontrarlo.

Preguntas prácticas: 

  • ¿Cuándo fue la última vez que el miedo te dejó esa sensación de vacío?
  • ¿De qué manera crees que puedas aplacar esa sensación de miedo a través de la palabra?

Oración:

Señor, enséñame a vivir en una búsqueda constante a través de tu Palabra, que ante el miedo que pueda sentir pueda abrazar cada promesa que tú tienes para mi, y que cuando el miedo toque mi puerta, mi confianza en ti responda en voz alta. Amén

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