Día 2: Tristeza (Más que solo lagrimas)

“Jesús lloró.” – Juan 11:35 RVR60

Los seres humanos, naturalmente, huimos del dolor. Y, cuando se trata de tristeza, se nos hace muy complicado saber cómo lidiar con ello.

Es más que seguro que vendrán momentos de tristeza a tu vida. Y el hecho de ser cristianos no nos hace ajenos a esta realidad. Como dijo Jesús: “Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas”. Pero sus palabras no terminan ahí, sino que culmina con uno de los mejores mensajes de aliento, y una de las más hermosas promesas: “pero anímense, porque yo he vencido al mundo” (Juan 16:33 NTV).

Quizás hayas escuchado este versículo anteriormente, pero simplemente no logras encontrarle un sentido práctico en el momento. ¿Cómo se supone que eso me ayude a dejar de sentir esta tristeza? ¿Cómo puedo hacer que deje de doler?

“Jesús lloró” es el segundo versículo más corto que puedas encontrar en la Biblia, y es una de las muestras de cómo la Palabra de Dios puede esconder tan profundas verdades y levantar nuestro espíritu en dos sencillas palabras.

Jesús escucha la noticia de que su gran amigo Lázaro se encontraba gravemente enfermo, y en lugar de ir a verlo a toda prisa, decide esperar. Dos días después decide iniciar su viaje a Judea, diciendo: “Nuestro amigo Lázaro se ha dormido, pero ahora iré a despertarlo”.

Al llegar a la casa de Lázaro, Marta y María, sucede una de las escenas más conmovedoras:

“Cuando María llegó y vio a Jesús, cayó a sus pies y dijo:

—Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Cuando Jesús la vio llorando y vio a la gente lamentándose con ella, se enojó en su interior y se conmovió profundamente.

—¿Dónde lo pusieron? —les preguntó.

Ellos le dijeron:

—Señor, ven a verlo.

Entonces Jesús lloró” (Juan 11: 32:35 NTV).

Jesús resucita a Lázaro y todos celebran. Pero hay algo que simplemente no cuadra aquí. Si Jesús sabía lo que venía a hacer, y él ya conocía el final de la historia, ¿por qué lloró? 

Simplemente, porque Jesús los amaba.

Verás, la tristeza y el amor van de la mano. Más cerca de lo que pudiéramos pensar. Y es que es inevitable que al perder algo, o a alguien, que valoramos y amamos tanto, sintamos tristeza. La tristeza es, entonces, una expresión del amor profundo.

Jesús nos enseña, en un sencillo acto, que no está mal llorar aún cuando sabes que todo tendrá un final feliz. Aún cuando sabes que él ya venció al mundo y que el final está escrito, y que la muerte ya fue derrotada en la cruz. No está mal, sentirse mal.

Esto también nos enseña que no necesitamos decir nada cuando estamos frente al dolor y la tristeza de otra persona. Y que probablemente estar ahí, y llorar con ellos sea la expresión de amor más grande que les podamos regalar en ese momento.

Así que sea cual sea la situación que te ha traído tristeza, no huyas de ella, date permiso de sentir, de llorar, y lamentarte. Pero, no permitas que tu tristeza se convierta en soledad y desesperación. Porque tú nunca estarás solo. Y las cosas si tienen un final feliz. 

Tan solo recuerda, que en tus momentos de tristeza, Jesús también lloró.

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